Estaba en la casa de Yasmi. Hacía un día fresco con sol que sólo servía para alumbrar, calentaba poco, y por eso estabamos sentadas en un banco de esas que tienen la mesa unida a las sillas, bajo el sol. Yo tenía una cámara, Yasmi recuesta sobre la mesa su cabeza y yo le tomo una foto. Era perfecta, el sol en su cara la hacía lucir más bella. Estábamos en silencio y creo que eso era lo más lindo entre las dos.
Quería tomar un baño. Iba a tomar un baño y me di cuenta que lo que estaba en lugar de paredes eran sabanas, que colgaban de las ramas de un árbol justo arriba de la ducha. Tenía miedo de entrar y bañarme y que sople viento fuerte, que las sábanas se alteraran y que todos me vieran, desnuda. Yo siempre prefiero que me vean el alma desnuda y no el cuerpo. Igual me bañé.
Ya estaba entrando el sol y a mí entraban las locas ganas de ir a la playa, a contemplar el mar y sentir el viento por mi cara. Le dije a Yasmi para ir, nos fuimos en bicicleta, y ya estabamos en la playa y su belleza desbordaba aún cuando ya no había sol, y ella era lo que completaba el paisaje perfecto, ahí con el mar, la noche entrante, el viento, la paz, el silencio.
Dedicada a mi preciosa hermana del alma, Yasmi, quién me dejó y sigue dejando sonrisas en recuerdos y momentos gratos. Te amo muchísimo y me haces falta en todo. A pesar de la distancia te tengo siempre cerca.
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