miércoles, 9 de abril de 2014

Ella

Estaba en la casa de Yasmi. Hacía un día fresco con sol que sólo servía para alumbrar,  calentaba poco,  y por eso estabamos sentadas en un banco de esas que tienen la mesa unida a las sillas,  bajo el sol. Yo tenía una cámara,  Yasmi recuesta sobre la mesa su cabeza y yo le tomo una foto. Era perfecta,  el sol en su cara la hacía lucir más bella. Estábamos en silencio y creo que eso era lo más lindo entre las dos.
Quería tomar un baño.  Iba a tomar un baño y me di cuenta que lo que estaba en lugar de paredes eran sabanas,  que colgaban de las ramas de un árbol justo arriba de la ducha. Tenía miedo de entrar y bañarme y que sople viento fuerte,  que las sábanas se alteraran y que todos me vieran,  desnuda.  Yo siempre prefiero que me vean el alma desnuda y no el cuerpo.  Igual me bañé.
Ya estaba entrando el sol y a mí entraban las locas ganas de ir a la playa,  a contemplar el mar y sentir el viento por mi cara. Le dije a Yasmi para ir,  nos fuimos en bicicleta,  y ya estabamos en la playa y su belleza desbordaba aún cuando ya no había sol,  y ella era lo que completaba el paisaje perfecto,  ahí con el mar,  la noche entrante,  el viento,  la paz,  el silencio.

Dedicada a mi preciosa hermana del alma,  Yasmi,  quién me dejó y sigue dejando sonrisas en recuerdos y momentos gratos. Te amo muchísimo y me haces falta en todo. A pesar de la distancia te tengo siempre cerca.

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