martes, 25 de agosto de 2015

Todo muy raro.

No sé en qué pueblo me encontraba, pero en ese pueblo todo era muy raro. Estaba sola, tenía hambre, vi un supermercado y fui con la idea de comprar alimentos. Cuando entré, había una mujer que trabajaba en el lugar, sacando tunitas que crecían por todo el supermercado, me sorprendí que ni si quiera utilizaba guantes, y las espinas no le clavaban. El lugar estaba desgastado, era fúnebre, había partes donde el suelo era tierra y estaba todo lleno de polvo. Me dirigí hacia el fondo y vi animales bailando, se convirtió en una feria, había juegos, un carrusel y parecidos. Los animales caminaban en dos patas, hablaban entre sí, y se divertían excepto un cerdo a quien estaban maltratando unos jabalíes. No encontré lo que necesitaba y salí de ahí. Más tarde estaba en Areguá, donde todo era edificios, y eso me pareció sorprendente porque pensé que nunca la ciudad estaría con enormes edificios; todos de diferentes colores. Mientras miraba desde mi barrio, mi vecina viene y me sacude, ‘tienes un gusano’ me dice, y el gusano peludo cae al suelo, le di las gracias aliviada. Pero mientras seguía mirando los edificios viene mi prima, agarra el gusano y me lo vuelve a poner, y me desesperé porque me aterran los gusanos, ya cuando me estaba por volver loca viene mi mamá y me saca el gusano de encima. Y mamá otra vez actuando de heroína.

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